Hombres, hombres…..Cuánto nos queda por aprender?

Hombres, hombres…..Cuánto nos queda por aprender?
 
Hola a todos, me gustaría compartir con vosotros este escrito que publicaremos en nuestra revista la primera quincena de Mayo. Max Toppy, un buen colaborador nos deja una pequeña pregunta:
Hombres, hombres…..Cuánto nos queda por aprender?
Hace dos meses, (¡sólo dos meses!) mientras tomaba un café, sentado en una cafetería en pleno centro de Barcelona, escuché una conversación un tanto sorprendente. No pude evitarlo. Una pareja discutía, en la mesa de al lado, sobre quién debía o no hacer tal tarea en casa. Ella, una joven de aproximadamente 24 años, le argumentaba al chico las razones de su agotamiento. Él, un joven de unos veintiséis, algo estresado y preocupado, se excusaba con la convicción de que bastante hacía con ir a trabajar a un taller en donde su jefe era un cabrón y no le pagaba lo suficiente. Que tenía demasiadas preocupaciones “importantes” como para ocuparse de hacer la cama antes de marcharse a trabajar.
Mi café se acabó y como el tema se ponía interesante, esta vez sí presté más atención y pedí al camarero me trajera otro y una botellita de agua, para suavizar la garganta.
El muchacho, convencido de su razón, le espetó que las cosas de casa eran su obligación. Claro que, al escuchar esto y al no conocer nada de sus vidas, creí que la chica no trabajaba, que tal vez se encontraba en paro, como muchos en estos tiempos. Mi sorpresa llegó al escuchar que ella salía a las seis de la mañana de su casa, pero antes le preparaba el bocadillo a él, recogía la ropa de la lavadora y la tendía, hacía el café y dejaba unas galletas sobre la mesa para que él, al levantarse, no perdiera el tiempo y tomara algo antes de marchar a las ocho y media.
Durante las mañanas, Ana, se encargaba de limpiar las oficinas que le asignaban en la empresa de limpieza para la que trabajaba. Por la tarde, y después de haber ingerido a toda prisa un pequeño bocadillo, acudía presta a las casas que también tenía asignadas. Eso era lo habitual, en ocasiones debía acudir a alguna empresa que solicitaba los servicios de limpieza y allí trabajaba el doble. Día tras día, su vida era limpiar todo aquello que los demás ensuciaban, y así llevaba dos años y medio desde que se casaron.
Ana había sido buena estudiante, pero dejo la universidad “¿por la obligación que conlleva el casarse?”. Su vida, hasta entonces, no había sido fácil pero andaba con la dignidad que proporciona ser una persona coherente y responsable de sus decisiones.
Cuando Ana llegaba a casa, después de comprar el pan, leche y algunas cervezas para Miguel, ya pasaban de las ocho de la tarde. Mientras él tomaba una cerveza y se machacaba el humor con la consola, ella se duchaba y repasaba ese cuarto de baño salpicado por el agua, después recogía la ropa tendida, hacía las camas y preparaba la cena. La tele enchufada, no hacía más que vomitar restos de programas basura que adormecen las mentes. Ana, ponía la mesa, Miguel, maldecía aquél juego cabrón que no le dejaba ganar.
Los fines de semana, Miguel cogía su bicicleta y marchaba con los amigos. Ana, mientras tanto, limpiaba la casa, quitar el polvo, fregar las habitaciones, cocina y comedor. El cuarto de baño se mantenía algo mejor porque el repaso era diario. Cuando llegaba Miguel, se desnudaba y dejaba la ropa de deporte sudada sobre la cama, después se duchaba, se volvía a vestir y se sentaba en el sofá a continuar destrozando los nervios, adicto a un absurdo aparato electrónico. Ana, debía recoger la ropa, meterla en la lavadora, volver a repasar el cuarto de baño, hacer la comida, poner la mesa e incluso ir a comprar más cervezas, porque la última se la estaba tomando Miguel.
Las noches, eran todas iguales. Él con ganas de marcha. Ella agotada y resignada a satisfacer. Mientras Miguel dormía después del esfuerzo de 4 minutos, Ana lloraba en silencio, tragaba su amargura y confusión. El miedo a un embarazo le arrancaba las horas de sueño y las suplicas resonaban en su interior como el vibrar de un tronco hueco. Al poco de quedar rendida, sonaba el despertador. Comenzaba otro día más.
Esa tarde, Ana no pudo más, llamó a Miguel y quedaron en aquella cafetería antes de que ella volviera al trabajo.
– No puedo soportarlo más, Miguel. Hace tiempo que te lo vengo diciendo y no haces nada para ayudarme….
– No digas tonterías, ¡¿que no hago nada?!, te parece poco aguantar ocho horas a unos desgraciados que no saben hacer nada y que lo único que quieren es que los demás le hagamos el trabajo! Acabo reventado……
– Miguel, es lo mismo que tú me haces a mí, entonces…
– Venga ya! ¿por qué lo dices, porque no hago la cama antes de irme?
– No sólo eso Miguel, solamente te dedicas a ir al taller y sí, es cierto, puede que tu jefe sea un borde, pero..……
– Y un inútil!! Que se está tocando las pelotas todo el día….
– Sí Miguel, puede que también sea un inútil, pero eso es su problema, nosotros no debemos mirar otras vidas sino las nuestras….
– Y qué crees que hago??? ¿No trabajo?….
– Yo también, Miguel. Y no gano tanto como tú, pero no paro en todo el día.
– Joder! Diles que se vayan a la mierda, que te paguen más o lo dejas
– No podemos permitirnos ese lujo, Miguel. Todo cuesta mucho dinero y lo necesitamos para vivir. Tu sueldo sólo llega para pagar la hipoteca, si dejo de trabajar ¿con qué vivimos?
– Ya sé que no gano mucho, no hace falta que me lo refriegues por la cara….
– Miguel! No es esto lo que quiero decirte, lo que pretendo es que entiendas que no puedo más, soy yo quien me encargo de trabajar casi doce horas al día fuera de casas y otras tantas en casa y a ti no se te ocurre ayudarme en nada….
– Bueno, vale. ¿Para esto me has llamado?. De toda la vida las cosas de casa son de las mujeres y el hombre trabaja fuera para traer el sustento. Ahora está de moda que las mujeres estéis fuera de casa todo el día, así entonces ¡qué quieres! Los hombres estamos más limitados para encontrar ese trabajo que nos deje más beneficio y más tiempo. Si es necesario que hoy trabaje el matrimonio es culpa vuestra, los trabajos que ocupan las mujeres pueden ser ocupados por hombres, así todos trabajaríamos mejor y habría menos paro. Llevaríamos el dinero a casa y vosotras os ocuparíais nada más que de eso, que…. ¡no es para tanto! ¡Joder, qué ganas tenéis de quedar siempre por encima como el aceite!!
Ana, se levantó, le miró con tristeza y le dijo: Adiós Miguel, voy a recoger mis cosas.
Miguel se levantó, no sin antes mirar a todos lados para comprobar que algunos le mirábamos incrédulos por lo que estábamos escuchando. Ana se marchaba y él, lejos de reaccionar como un verdadero hombre, rectificar y pedir disculpas, se sentó diciendo: mañana vendrás a suplicarme que te deje volver….
No pude aguantar más y le solté un ¡Qué imbécil eres chaval! Me salió del alma. Claro que Miguel no podía quedar por debajo, como suelen pensar la mayoría que vive en la edad media, y me respondió encarado: Y, ¡a ti qué te importa! Métete en lo tuyo que por la cara que tienes ya bastante tendrás!
– Sigo diciendo que eres imbécil, chaval y lo peor es que no tienes capacidad para entender nada. En cuanto a lo de importarme, pues sí, me importa, porque con tíos como tú lo único que conseguimos es mantener viva a la especie troglodita. Por tu mentalidad y la de otros como tú, nos costará mucho llegar al nivel de nuestras mujeres. Eres un pedazo de inútil, como tu jefe, y yo un estúpido por seguir aquí prestándote atención. Me levanté, pagué y me marché.
Mientras caminaba pensaba: ¿A caso sus padres, que deben tener mi misma edad, no supieron o no pudieron transmitirle algo tan sencillo como el respeto?
Me costó un buen rato reaccionar. Pensé que hombres así eran una especie en extinción, pero pude comprobar que parte del jurásico había sobrevivido y que, al parecer, en lo único que habían evolucionado era en que ahora llevaban pantalones y utilizaban un teléfono móvil, con sus juegos, claro.
¿La mentalización es cosa de todos o sólo de los padres? Lo importante y lo que nos salva, es que cada vez más mujeres tienen la fuerza y la determinación de decidir por ellas y utilizar una de sus facultades más preciadas, de la que todavía carecen muchos hombres, su inteligencia.
Max Toppy

Este newsletter es del moderador José Rubio del grupo "RevistaNet la alternativa, con una sonrisa".
Visita este grupo aquí: http://www.xing.com/net/revistanet/
Anuncios

Acerca de Emilioteayuda.com

EMILIO MARÍN- ROIG RAMÓN. https://www.xing.com/profile/Emilio_MarinRoig http://es.linkedin.com/in/emiliomarinroig/ http://emilioteayuda.com/
Esta entrada fue publicada en Salud y bienestar. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s