No sé…

No sé…

No
sé por qué la quiero – me dijo –, si ella, por mí, no manifiesta ni un
ápice de amor, si me abandona en la oscura madrugada de mis
pensamientos, sin una estrella de la constelación de su mirada, que,
siquiera, tenuemente, ilumine mi esperanza y mitigue en algo mi frío.

No
sé por qué la quiero, si se marcha cerrando esta puerta tras la que
sufro hasta el próximo día que, a su antojo, acuda a visitarme,
inquiriendo el fuego de mis palabras y exigiendo las flores en
guirnaldas de mi sonrisa. Palabras y sonrisas que escapan de mi alma,
sin la venia de mi razón, cuando aparecer la veo.

No
sé por qué la quiero – me confiesa–, con una voz espesa, que rezuma
lamentos, y en sus ojos alcanzo a ver el fantasma de su pena.

¿Y
quién tiene conciencia de por qué amamos? – le dije –. ¿Quién puede
aseverar el motivo por el cual nos prendamos de unos, que no convienen,
más nos colman el corazón, en detrimento de esos que bien nos aman y
despreciamos.
No
soy yo quién podrá contestar a este "por qué" que te fustiga. No soy yo
quien donará cordura a esta sin razón que destila amargura en tu alma
confundida.

Autora: Trini Reina
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